¿Se acuerdan de Nilton Condori Alanoca? Sí, el senador que cometió una falta gravísima en la política nacional: proponer que los asambleístas ganen menos. El mismo que sugirió bajar el sueldo de 23.000 a 10.000 bolivianos y, como si fuera poco, planteó un referéndum para que no decidan entre cuatro paredes, sino la gente.
Desde entonces, el ambiente en el Senado está más tenso que fin de mes sin viáticos. Se comenta que varios senadores exigen que el comité de ética lo sancione, acusándolo de “demagogo” y de sostener un discurso poco “racional”. Traducción libre: este tipo nos está dejando como unos sinvergüenzas y hay que pararlo.
Porque en Bolivia pedir coherencia es populismo, pero cobrar sueldos de primer mundo en un Estado quebrado es “técnica legislativa”. Dormir en sesiones, levantar la mano sin leer y desaparecer todo el mes para reaparecer el día del depósito es trabajo serio y responsable. Así funciona la lógica parlamentaria.
Condori, con todos sus límites, hoy aparenta ser el único asambleísta que se anima a decir algo elemental: que quien asume una función pública debería hacerlo por convicción y no por el tamaño del cheque. Y eso, en un sistema acostumbrado a vivir del Estado como garrapata bien alimentada, es una herejía imperdonable.
Por eso no sorprende la reacción corporativa. El sistema siempre se defiende. Los privilegios no se discuten, se blindan. Y cuando alguien rompe el pacto del silencio, automáticamente es acusado de irresponsable, de populista o de traidor. Todo, menos de mentiroso.
Si el comité de ética se mueve para castigar a quien propone ganar menos, pero nunca para sancionar a los flojos, ausentes y levanta-manos profesionales, entonces el problema no es Condori. El problema es el Estado parásito que se siente amenazado.
Y si intentan amedrentarlo, corresponde decirlo claro: hay que defenderlo. No porque sea un santo, sino porque en un pantano de vividores, el que propone bajarse el sueldo estorba. Y cuando la política se enfurece tanto, casi siempre es porque alguien dijo una verdad incómoda.

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