Apenas pasaron tres meses y la oposición, los aliados… y hasta los que votaron por él ya están bostezando.
El presidente Rodrigo Paz Pereira llegó con discurso de cambio histórico… y terminó en pelea de grupo de WhatsApp con su propio vicepresidente Edman Lara.Jorge Quiroga, Rafael Quispe y el mismo Lara coinciden en algo:
en 100 días no pasó casi nada… salvo discusiones internas.
La victoria grande… el equipo prestado
Paz ganó con 55% y parecía tener cancha libre: Parlamento favorable, medios contentos y la gente cansada de la crisis heredada de Luis Arce tras la era de Evo Morales.
¿El problema?
Ganó la elección… pero no tenía gobierno.
Entonces apareció el verdadero gabinete:
Samuel Doria Medina.
Ministerios clave, economía y operadores políticos pasaron a manos de su estructura.
Y el vicepresidente quedó como adorno protocolar con wifi.
Resultado:
el presidente gobierna…
pero la política la administra otro.
Política exterior: “Bolivia en el mundo”… pero pidiendo crédito
El giro fue inmediato: alineamiento internacional con la promesa de dólares frescos.
La lógica es simple:
Bolivia obedece
Los organismos prestan
Y el ajuste lo paga la gente
Todavía esperan miles de millones del BID, CAF, Banco Mundial y FMI.
Mientras tanto, el país volvió a su especialidad histórica: exportar materia prima… y discursos optimistas.
Economía: shock, retroceso y marcha atrás
El gobierno intentó un paquete de ajuste estilo manual noventero:
quitar subvenciones
privatizar
liberar exportaciones
flexibilizar trabajo
Duró poco.
Las protestas obligaron a retroceder el decreto estrella (5503).
Primer boquete de legitimidad en menos de dos meses.
Traducción nacional:
quiso correr maratón neoliberal… y se tropezó en la primera cuadra.
El combustible que funde motores… y la paciencia
Cuando parecía calmarse, llegó el episodio gasolina:
vehículos al taller por mala calidad y denuncias de sobreprecios en YPFB.
El gobierno culpó al anterior…
pero la gente culpa al que está en Palacio.
Porque en política hay una regla básica:
la herencia dura un tiempo… después ya es tu problema.
La conclusión incómoda
El gobierno no cayó por la oposición.
Se desgasta solo.
Ganó por el cansancio del país, no por un proyecto propio.
Y cuando gobiernas sin rumbo, el poder se vuelve administración de crisis.
Hoy Bolivia tiene presidente, gabinete, parlamento…
pero todavía busca gobierno.
Los primeros 100 días de Paz no fueron un fracaso ideológico.
Fueron peor: no tuvieron identidad.
Y en política, si no sabes qué eres…
terminas siendo interino de tu propio mandato.

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