En Bolivia no hace falta cambiar la Constitución para borrar a alguien del mapa político. Basta un decreto, una firma elegante y listo: cirugía mayor sin anestesia.
El Decreto Supremo 5552 no elimina la Vicepresidencia —porque eso ya sería mucho show constitucional—, pero la deja como esas casas antiguas del centro: fachada bonita, estructura hueca.
¿Autonomía administrativa? Afuera.
¿Presupuesto propio? Chau.
¿Representaciones regionales? Desaparecidas.
¿Capacidad de manejar su propio personal? Ni en sueños.
Desde ahora, la Vicepresidencia pasa a depender del Ministerio de la Presidencia. Traducido al castellano de la calle: si querés papel higiénico, pedilo arriba. Si querés contratar personal, pedilo arriba. Si querés respirar… pedilo arriba.
Y arriba está el Presidente.
El mensaje político es más claro que el Illimani en invierno: aquí se manda desde el núcleo duro del Ejecutivo. Lo demás es decoración institucional.
🎭 De segundo del Ejecutivo a florero legislativo
El vicepresidente Edmand Lara, que no precisamente ha sido un coro afinado del Presidente Rodrigo Paz Pereira, ahora queda reducido a su rol legislativo.
Puede presidir sesiones, ordenar debates, tocar la campanita… pero la billetera ya no la maneja.
Y en política, el que no maneja presupuesto, no maneja poder. Así de simple.
Mientras tanto, los activos, contratos, proyectos y hasta los juicios se reparten como si fuera herencia en familia numerosa: Presidencia, Desarrollo Productivo, Planificación… todos se llevan algo del desmantelamiento.
¿Reingeniería?
Eso dice el decreto.
Pero en la calle la lectura es otra: centralización con todas sus letras. Concentración de poder. Control absoluto.
Porque cuando le quitás a una institución su estructura administrativa, su músculo financiero y su capacidad de decisión… no la estás “modernizando”. La estás neutralizando.
🐍 El mensaje entre líneas
No es casualidad.
No es técnico.
No es administrativo.
Es político.
Es el clásico: “te dejo el cargo para la foto, pero el poder me lo quedo yo”.
En un país donde las peleas internas se manejan con decreto bajo la mesa, el DS 5552 marca un precedente pesado. Hoy fue la Vicepresidencia. Mañana… ¿quién sabe?
Porque cuando el poder se concentra demasiado, la democracia empieza a caminar con muletas.
Y en Bolivia ya sabemos cómo termina eso.
Pero claro… seguro dirán que todo es por eficiencia.
Como siempre.
Mientras tanto, la Vicepresidencia sigue ahí.
Con oficina.
Con sello.
Con protocolo.
Y sin dientes.

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