Trabajan por dinero, no por Bolivia

Cuando alguien entra a la función pública, curiosamente no abre los brazos para servir: frunce las palmas, como quien ya está calculando cuánto va a ganar. No es vocación, es reflejo. El Estado no es trinchera, es botín. Y el cargo público, una inversión que debe rendir.


Sueldo asegurado, viáticos, comisiones, favores políticos, negociados alrededor y, si hay suerte, un par de parientes bien acomodados. No es casual que hoy ser parlamentario sea un lujo y no un sacrificio. Lo raro sería lo contrario.

En ese contexto aparece el diputado Manolo Rojas, del PDC, advirtiendo con tono dramático que si se reducen los sueldos habrá una temible “fuga de talentos” de la Asamblea Legislativa. Tranquilos, no corran. No se refiere a científicos ni a premios Nobel. Habla de abogados, técnicos e ingenieros que hacen el trabajo legal… o el trabajo sucio, según convenga, dentro del Parlamento.

“Si bajamos los sueldos, va a haber una fuga de talentos”, dice Rojas, que cobra Bs 22 mil mensuales, mientras su pareja —casualmente— figura como suplente con Bs 7 mil. Amor, democracia y planilla estatal: todo queda en familia.

La pregunta es inevitable: ¿deberíamos preocuparnos por la fuga de políticos o empezar a celebrarla?
Porque si el compromiso con Bolivia depende del monto del sueldo, entonces nunca fue compromiso, fue contrato.

Rojas rechaza la propuesta del senador Nilton Condori de reducir los salarios a más de la mitad y nos vende la idea de que la “carrera política” requiere incentivos económicos fuertes. Como si legislar fuera una especialidad de alto riesgo y no una actividad donde muchos ni siquiera aparecen a trabajar.

Según el diputado, bajar los sueldos convertiría al Legislativo en un club de ricos. Una joya de argumento. Como si hoy la Asamblea estuviera llena de humildes mártires viviendo con lo justo y no de personajes que jamás sobrevivirían un mes con el salario mínimo.

Para cerrar, no podía faltar el comodín del sistema: las “logias”. Siempre hay logias. Logias invisibles que impiden que la gente humilde y preparada llegue al Parlamento, pero que curiosamente no impiden sueldos altos, privilegios ni acomodos familiares.

Rojas incluso convoca a un debate “de cara al pueblo”. Perfecto. Que sea de cara al pueblo y sin discursos. Solo una pregunta basta:
si bajan los sueldos y se van los “talentos”, ¿qué exactamente perdería Bolivia?

Porque con sueldos altos, hasta ahora, lo único que no vimos fue talento.

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