Lo vendieron como victoria histórica, pero la caída de Sebastián Marset abre más preguntas de las que responde: ¿cómo es que el hombre más buscado del continente vivió, operó y se burló del Estado boliviano durante años… sin que nadie lo toque?
El viernes 13 de marzo de 2026, en Santa Cruz de la Sierra, finalmente cayó Marset. Sin balas, sin persecución de película, sin caos. Operativo limpio, preciso… casi quirúrgico.
Horas después, lo que sí fue vertiginoso fue su salida: expulsión inmediata y traslado a Estados Unidos, donde enfrenta cargos por narcotráfico y lavado de dinero, con una posible condena de hasta 20 años.
Mientras tanto, en Bolivia:
Allanamientos en propiedades vinculadas a su entorno
Cajas fuertes abiertas en el Urubó… vacías
Siete miembros de su seguridad detenidos (cinco colombianos y dos ecuatorianos)
Y una estela de investigaciones que apenas empiezan
A la par, Uruguay también sigue la pista del dinero, investigando operaciones de lavado mediante compra de vehículos.
Pero el problema no es la captura.
El problema es todo lo que pasó antes.
Marset estaba prófugo desde julio de 2023, cuando escapó de otro operativo en la misma ciudad. Es decir: no era invisible, no era desconocido, no era un fantasma.
Era un tipo instalado. Cómodo. Con estructura. Con logística. Con respaldo.
Y aún así, durante los gobiernos de Evo Morales y Luis Arce… nadie lo tocó.
Aquí no se trata de incapacidad.
Se trata de permisividad… o algo peor.
En medio de ese escenario, aparecen nombres que incomodan. El entonces ministro de Gobierno Eduardo del Castillo y el ex viceministro Jhonny Aguilera son señalados en versiones que circulan con fuerza —aunque sin confirmación oficial— como parte de una estructura que priorizó el control político y las cortinas de humo antes que resultados concretos.
Denuncias que flotan.
Sospechas que crecen.
Silencios que pesan.
A esto se suman audios difundidos —tampoco verificados de forma oficial— donde se menciona al senador Leonardo Loza en presuntos vínculos dentro del circuito del narcotráfico.
Pero más grave aún es que, como siempre, todo queda en el aire.
Y por si faltaba algo, el detalle que termina de cerrar el cuadro: las cajas fuertes vacías.
Como si alguien hubiera llegado antes.
Como si el operativo no fuera una sorpresa… sino una escena ya preparada.
El Gobierno quiere venderte un triunfo.
Pero capturar a Marset hoy no borra que ayer lo dejaron crecer.
Porque en Bolivia el problema no es que caiga un narco.
El problema es que para caer… primero tuvo que sentirse intocable.
Y eso no se logra solo.

0 Comentarios