Vicepresidente fantasma, diputada viajera y un presidente que juega a distraer

Cuando el poder se vuelve espectáculo, la polĂ­tica deja de gobernar y empieza a entretener. El caso del vicepresidente Edmand Lara no solo evidencia ausencia… evidencia un sistema cĂłmodo con el vacĂ­o.

Desde su posesiĂłn el 8 de noviembre de 2025, Lara ha convertido la Asamblea en una sala de espera: tres sesiones convocadas, varias suspendidas y cero impacto real.


El argumento: interrupciones, conflictos, “verdades incĂłmodas” que —segĂşn versiones— no gustaron escuchar.
A su lado, su pareja política y personal, la diputada Diana Romero, suma otro capítulo al desorden: ausencias recurrentes justificadas por problemas de salud, viajes a Brasil, visitas médicas y una seguidilla de excusas que, más que aclarar, alimentan la sospecha de abandono de funciones.

Pero aquĂ­ no se trata de agendas personales.
Se trata de plata pĂşblica.
Mientras el ciudadano de a pie tiene que rogar permiso para faltar unas horas al trabajo, en la cima del poder se normaliza:
  • Viajar al exterior
  • Suspender funciones
  • Desaparecer del cargo
  • Y seguir cobrando como si nada
¿QuiĂ©n paga todo eso?
Spoiler: el de siempre.
Y en el fondo del escenario aparece el verdadero director de esta obra: el presidente Rodrigo Paz.
Porque cuando el vicepresidente no funciona y la diputada no aparece, pero todo sigue igual… no es desorden, es decisiĂłn polĂ­tica.

Versiones que circulan apuntan a que desde el entorno presidencial —con nombres como el ministro JosĂ© Luis Lupo— se estarĂ­a tolerando (o incluso alimentando) este caos funcional, mientras la opiniĂłn pĂşblica se distrae entre viajes, desmayos y escándalos menores.

Cortina de humo clásica: mucho ruido arriba… poco control abajo.

AquĂ­ no hay coincidencias.
Hay un vicepresidente que no ejerce, una diputada que no aparece y un presidente que mira al costado y sigue pagando.
Y mientras tanto, el paĂ­s paga la funciĂłn completa de un teatro largo para entretener.

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