Otra vez la UPEA en escena. Pero no por ciencia, ni por investigación, ni por formar profesionales que levanten este país que se cae a pedazos. No. Esta vez la noticia huele más a arreglo político que a mérito académico.
Resulta que en la Universidad Pública de El Alto (UPEA para los amigos y botín para algunos), se alista otro “Doctor Honoris Causa”. Un premio que debería ser para gente que aporta a la sociedad… pero que aquí parece convertirse en moneda de cambio. Hoy te doy un título, mañana me das respaldo. Así de simple, así de burdo.
Y en el centro de todo, el eterno sobreviviente del sistema universitario es el "Dr." Carlos Condori Titirico.
Docente, dirigente, vicerrector, rector… y sobre todo, inamovible. Más de una década estando el poder universitario como si fuera cargo vitalicio. Ni en dictadura se veía tanta estabilidad.
Pero ojo, que aquí no hablamos de estabilidad institucional, sino de control. Porque según denuncias de estudiantes y docentes, el rector no solo administra la universidad… la maneja como si fuera su finca personal. Tribunales a dedo, comités electorales bajo control, designaciones “a la carta” y un sistema donde el que protesta paga caro.
¿Quierés alzar la voz?
Te traban trámites.
¿Insistís?
Te bloquean.
¿Te rebelas?
Te sacan del sistema.
Así funciona la “autonomía universitaria”… versión UPEA.
Y mientras tanto, el señor rector sigue acumulando poder, influencia… y, según denuncian, también patrimonio. Porque en El Alto ya no es solo autoridad académica, es uno de los tipos más pudientes. Todo muy normal, ¿no?
Lo más interesante es su habilidad camaleónica. Ha sobrevivido a todos los colores políticos:
- Evo Morales,
- Jeanine Añez,
- Luis Arce Catacora…
y ahora, según se comenta, también se estaría alineando con Rodrigo Paz Pereira.
No importa quién gobierne, él siempre cae parado. Más que gato con siete vidas.
Entonces uno se pregunta:
¿El Honoris Causa es un reconocimiento… o un seguro de vida política?
Porque mientras se reparten diplomas de “honor”, las denuncias duermen el sueño eterno. Auditorías que no avanzan, procesos que se diluyen, casos que se archivan entre cuatro paredes. Todo muy conveniente.
Y lo más grave y pocos lo ven es que la comunidad universitaria lo sabe. Lo vive a diario, lo denuncia, pero el sistema está tan bien aceitado que nada cambia.
Al final, queda claro que el problema no es la UPEA.
El problema es quién la tiene secuestrada.
Porque cuando una universidad deja de formar profesionales para empezar a fabricar redes de poder… ya no es casa de estudios.
Es otra oficina más del viejo juego político boliviano.
¿Cambiar el rector o seguir en el dueño Carlos Condori Titirico siga viviendo del sistema universitario de la UPEA?

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