La oposición jugó un ajedrez que el pueblo mismo entendió como la guerra entre los blancos y los negros.
Se escuchó en radio pasillo…
Dicen que siempre hubo una sola oposición, solo que ahora con algunas acciones se animaron a hacerlo oficial.
Y si de verdad es así, hay que sacarse el sombrero: ¡unos genios del engaño!
Mientras el país miraba el circo —Tuto peleándose con Camacho, Camacho tirándole a Paz, Paz sonriendo como monaguillo de misa—, los tipos tejían su jugada fina en silencio. Uno por derecha, otro por “centro”, y el Kencha cerrando por la izquierda, con cara de “yo no fui, fue mi subconsciente” y sacándole del juego.
Y claro, los alteños y chapareños haciendo como puente, los votos de incauto sirvieron de escalera, y al final, los únicos que subieron fueron ellos, con algunas pequeñas representaciones que no tienen ni voz ni sombra en el parlamento.
Una jugada quirúrgica, de bisturí político.
Una pinza tan bien armada que hasta el mismísimo Evo debe estar preguntándose: ¿y yo en qué momento perdí el balón?
Porque resulta que mientras el pueblo gritaba “¡fraude!” o “¡traición!”, ellos ya estaban firmando el pacto en silencio, cuidando no despertar a la generación Z, esa que podía salir por despecho a prenderle fuego al tablero.
Demasiada coordinación para ser casualidad.
Demasiado silencio para ser coincidencia.
Demasiado “todo está tranquilo” para no oler a pacto.
Al final, el tablero quedó quieto… y los peones seguimos esperando que alguien nos avise que la partida empiece o termine, no sabiendo cual es inicio o el final.

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