Lo del domingo no fue debate, fue un velorio con transmisión exclusiva de los capos del duopolio mediático: Unitel y Red Uno. El Tribunal Supremo Electoral (TSE), en vez de garantizar pluralidad y equilibrio, decidió poner el micrófono en manos de los mismos de siempre, como si en Bolivia no existieran RTP, ATB, PAT, Bolivisión, Radio Panamericana o cualquier medio que no se arrodille ante la pauta publicitaria.
El resultado fue un circo mal armado: periodistas reducidos a cronómetros humanos, candidatos con discursos aprendidos de memoria y un moderador que parecía más animador de kermés que conductor de debate presidencial.
Raúl Novillo, presidente de la Asociación de Periodistas de La Paz (APLP), lo dijo clarito: los colegas invitados no podían ni preguntar. Solo contaban segundos, como árbitros de partido de barrio. ¿Y así el TSE cree que está informando al pueblo?
Encima, cuando Edman Lara empezó a atacar a JP Velasco con chismes de vecindario, nadie del Tribunal se animó a pararlo. El árbitro brilló por su ausencia. Ni una tarjeta amarilla. El debate se convirtió en pelea de cantina y el TSE en mozo que solo servía cerveza tibia.
La vocal del TSE, Nancy Gutiérrez, intentó salvar la dignidad diciendo que quiere organizar el próximo debate en La Paz con periodistas de verdad, de esos que saben preguntar y repreguntar hasta hacer sudar al político más charlatán. Pero claro, la Sala Plena del TSE anda más preocupada por cuidar la torta publicitaria de Unitel y Red Uno que por garantizar la democracia.
RTP, que se rajó para transmitir un debate anterior, fue marginado. ¿La razón? Sencilla: no forma parte del club de los privilegiados del duopolio. En buen cristiano: si no entras al negocio, no entras al aire.
La famosa “Ley de Obligatorio Debate” sigue durmiendo en el Parlamento, porque a los partidos y a los vocales no les conviene. Esa norma diría clarito: candidato que no se presente, candidato que pierde. Pero aquí prefieren seguir con el show arreglado, donde el TSE actúa de acomodador y los canales engreídos manejan el rating.
Al final, este sistema de debates no ayuda a elegir mejor, ayuda a blanquear la imagen de candidatos mediocres y a inflar el bolsillo de dos televisoras que se creen dueñas del país. Y mientras tanto, personajes como el ex policía Edman Lara se dan el lujo de convertir la política en un chisme de WhatsApp.
Bolivia merece debates serios, con periodistas libres, con preguntas incómodas, con pluralidad de medios y sin favoritismos publicitarios. Lo que vimos fue un triste “Unitelazo” con sabor a “RedUnazo”, una estafa más del TSE que, lejos de fortalecer la democracia, la hace ver como un sketch barato de la tele cruceña.

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