Sigue la mala racha para Luis Arce Catacora. Perdió el poder, perdió el partido, perdió a sus aliados y ahora hasta su señora le pidió el divorcio formal. Su círculo político e íntimo lo dejó más solo que decreto sin firma.
Con tanto desastre acumulado —corrupción, sobreprecios en proyectos, cargos VIP para sus allegados, preferencia por las “bonitas”, hijos golpeadores y millonarios a costa del Estado, préstamos bancarios misteriosos, amantes despechadas con cargos, hijos por reconocer y un rosario de escándalos— era cuestión de tiempo para que hasta Lourdes Durán dijera “basta, compañero del proceso”.
Para colmo, lo expulsan del MAS por corrupto, incompetente e incapaz. Ni el Chapare quiso cargar con ese muerto político.
Se escucha en radio pasillo que Lourdes ya prepara los papeles del divorcio, después de años de aguantar discursos, silencios cómplices y —según cuentan las malas lenguas— más infidelidades que decretos supremos.
Total, ya no hay imagen que cuidar ni campaña que fingir. Cuando uno pierde la banda presidencial, también pierde el encanto.
El pobre Lucho vive su propio apagón tricolor: lo botaron del MAS, le cayó una denuncia de paternidad, y ahora su esposa le dice “hasta aquí nomás, compañero”. Lo único que falta es que lo demande su sombra por abandono.
Dicen que el matrimonio es una institución sagrada… pero ni con todos los santos del Chapare se salva este vínculo. Lourdes le pidió el divorcio y el país entero le da el pésame: otro proyecto del “modelo económico-social-productivo-comunitario” que termina en quiebra.

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