Bolivia mira, entre sorprendida y avergonzada, al Vicepresidente Edmand Lara: un funcionario que exige “explicaciones” por cosas que no han pasado, no han sido denunciadas, no existen, no figuran, no aparecen… salvo en su fértil imaginación política y en sus videos ensayados para TikTok.
Su conducta no solo es grotesca, es pedagógica: nos enseña cuán peligroso puede ser poner a alguien sin brújula política en un cargo diseñado para garantizar equilibrio institucional.
La Constitución es clarita —pero parece que a Lara le da alergia leer—.
El artículo 158 dice que la Asamblea
puede pedir informes escritos, informes orales e interpelar a ministros. Punto.
Ese es el control político. Es de los parlamentarios. No es del Vicepresidente.
Mucho menos de un Vicepresidente que anda proclamando que “los parlamentarios
son suyos”.
Hermano, ni los calzoncillos son tuyos
cuando te los lava la abuela… ¿cómo van a ser tuyos los legisladores?
La pregunta cae solita:
¿Cómo miércoles puede un Vicepresidente exigir explicaciones sobre hechos que no han ocurrido?
- En lenguaje académico: falacia fáctica.
- En lenguaje boliviano: es de sonso.
Pero Lara insiste. No porque tenga argumentos, sino porque está enamorado del espectáculo. Necesita pleitos inventados para alimentar su personaje de “defensor del pueblo”, mientras construye conflictos de utilería que sirven de circo para su fanaticada de redes.
Lo irónico —y lo triste— es que el tipo
ni siquiera entiende qué hace un Vicepresidente.
El artículo 169 de la CPE dice que su rol
es coordinar entre Ejecutivo y Legislativo, generar estabilidad, tejer
consensos.
¿Qué hace Lara? Exactamente lo opuesto:
– inventa cuentos,
– fabrica acusaciones,
– exige explicaciones sin base,
– y convierte la Vicepresidencia en un wate de TikTok.
En cualquier democracia seria, eso se llama sabotaje interno, sedición política, o al menos abuso discursivo del cargo. Aquí, en cambio, lo llamamos “otro martes cualquiera en el show de Edmand”.
- La política —de verdad— exige racionalidad institucional.
- Lara exige respuestas a fantasmas.
Y cuando una autoridad se comporta así, el daño es doble:
Convierte la política en chisme barato, rumor, show y griterío.
Deforma la idea del control político, que es sobre actos de gobierno, no sobre ficciones que te inventás mientras te peinás para grabar un reel.
Lo peor de todo es su vacío de formación política y jurídica. Vacío, hueco, cavernoso. O como diría la gran Margaret Thatcher:
“Ser poderoso es como ser una dama: si tienes que decir que lo eres, entonces no lo eres.”
- Lara grita poder porque no lo tiene.
- Posa de líder porque no lidera nada.
Exige explicaciones porque no entiende la Constitución.
Bolivia está en un momento delicado.
Necesita autoridades serias, no influencers desesperados por views.
Un Vicepresidente que no conoce su rol es un riesgo para el Estado, un obstáculo para la gobernabilidad y un error histórico que, tarde o temprano, va a costar caro.
El país ya no está para payasos políticos ni para funcionarios que confunden la solemnidad del cargo con la trivialidad del TikTok.
Y si Edmand Lara no sabe para qué sirve
su cargo, que alguien le preste una Constitución… o mínimo un manual de
instrucciones.
Mejorado de @gatovillegas

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