Eva Copa millonaria y Evo Morales ya es Morena

¿Negociando la sigla o rematando la dignidad al mejor postor?

En Bolivia ya no se venden anticuchos nomás en las esquinas: ahora también se rematan siglas políticas como si fueran loteamientos en Viacha. Y en el centro del quilombo aparecen dos viejos conocidos del circo político nacional: Eva Copa y el eterno “yo no fui” Evo Morales.

Desde la sede de Gobierno empezó a circular el chisme —perdón, la “versión”— de que la alcaldesa alteña y jefa de MORENA habría negociado su sigla con la agrupación EVO PUEBLO, ese nuevo invento del jefazo del Chapare que anda buscando cómo volver al poder aunque sea disfrazado de empanadera.
Las malas lenguas (y algunas buenas también, pero esas casi no existen) aseguran que el “acuerdito” habría costado 5 milloncitos de dólares. Así, suavecito nomás. Cifra que haría temblar a cualquiera… menos a nuestros políticos, que ya están acostumbrados a mover plata como si fuera canchita.
Para colmo, en redes empezaron a aparecer fotos, mensajitos y reuniones sospechosas, pero claro, ninguno dice nada: ni Eva, ni Evo, ni los emisarios, ni los sobrinos de los emisarios. Todos muditos, como si no supieran que el silencio, en política, grita más fuerte que un dirigente en ampliado.
Los analistas —los de verdad y los que opinan por kilo— señalan que si esto se confirma, sería parte del plan de Evo para metastatizar su estructura en todo el país sin pasar por trámites ni firmas. Total, ¿para qué construir una plataforma si puedes comprarla como ch’aski en feria 16 de Julio?
Del lado de Eva Copa, la cosa se pone fea. La supuesta venta de la sigla levanta tremendo debate sobre ética, moral y el uso de las agrupaciones ciudadanas. Porque, seamos sinceros: una cosa es hacer política y otra muy distinta es convertir tu sigla en negocio inmobiliario.
Por ahora, ambos protagonistas siguen callados, como quien espera que la tormenta pase solita. Pero la ciudadanía ya está con el ceño fruncido y la pregunta atragantada:
¿Se vendió o no se vendió la sigla?
Mientras tanto, el ambiente preelectoral ya está hirviendo. Se vienen denuncias cruzadas, traiciones recicladas, pactos en la sombra y esa lucha eterna por las benditas siglas que, en Bolivia, se defienden más que la patria misma.
Agarre su pipoca, que esto recién comienza.

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