(o cómo desde afuera te explican lo que aquí ya huele hace rato)
Desde el Harvard
Growth Lab, con el economista Ricardo Hausmann a la cabeza, soltaron su
diagnóstico sobre Bolivia: no es mala suerte, no es “el contexto
internacional”, no es el clima… es el modelo. Así, sin maquillaje.
El estudio, titulado “Un giro económico para Bolivia”, básicamente dice lo que muchos sospechan, pero pocos en el poder se animan a admitir: la crisis no cayó del cielo, se la construyó paso a paso.
Y claro, junto al
diagnóstico viene la receta. Cinco medidas que, en papel, suenan a cirugía
mayor:
Primero, dinamitar la
subvención de combustibles y gas. Sí, eso que mantiene a flote el bolsillo de
la gente… pero que también desangra al Estado.
Segundo, sentarse con
el FMI —ese actor incómodo que el discurso oficial evita nombrar— y rehacer las
reglas del juego en hidrocarburos, minería, litio, agricultura y turismo.
Traducido: cambiar todo lo que hoy espanta inversión.
Tercero, estabilizar
el tipo de cambio. Pero ojo: eso recién después de tragarse las dos primeras
pastillas, que no son precisamente dulces.
Cuarto, dejar de meter
mano en tasas de interés y créditos, porque —según el informe— eso ha deformado
todo el sistema financiero.
Y quinto, lo más
ambicioso (y lo más abstracto): que Bolivia aprenda a hacer cosas que hoy no
sabe hacer. Exportar más, producir mejor, competir de verdad. O sea, dejar de
jugar en modo amateur en una liga profesional.
Pero lo más filoso no
son las propuestas. Es el diagnóstico.
El informe apunta
directo al corazón del modelo del Movimiento al Socialismo: el Estado ocupó
tanto espacio que terminó sacando a empujones a la inversión privada. Y sin
inversión, no hay producción. Sin producción, no hay exportación. Y sin
exportación… no hay dólares, pues.
El gas, ese salvavidas
que sostuvo la economía durante años, dejó de ser milagro y pasó a ser
recuerdo. La inversión en exploración cayó en picada, y lo que antes era
ingreso seguro hoy es un hueco fiscal.
Y mientras tanto, el
país fue perdiendo algo más grave que los dólares: la capacidad de generar
valor. Empresas que no crecen, sectores que no despegan, y un Estado que
controla… pero no produce.
Porque quitar
subvenciones, abrirse al FMI y soltar el control estatal no da votos, da
protestas. Y en Bolivia, ya sabemos qué pasa cuando la calle se calienta.
Así que ahí está el menú; o seguimos pateando la pelota, o alguien se anima a pagar la cuenta.
Y como siempre… la cuenta nunca la paga el que la firma.
Fuente: Mery Vaca

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