El clan Ávila donde ven al estado en empresa familiar

Mientras nosotros hacemos magia para que alcance la plata e intenta sobrevivir entre gasolina dudosa y dólares fantasmas, arriba —bien arriba— el poder se reparte como herencia. No por mérito. No por concurso. Por apellido.



El apellido ahora en la mesa es: Gustavo Ávila Mercado y su hermano Fernando Ávila Mercado. Dos nombres que, curiosamente, aparecen en lugares donde se decide el rumbo del país: el Tribunal Supremo Electoral, la Cancillería… y hasta en BoA. Sí, BoA también entra en el combo y quizá otras instituciones que luego lo divulgaremos.

El árbitro esta con camiseta puesta
Dicen que el árbitro no juega. Pero en Bolivia, el árbitro mete goles, cobra penales dudosos y hasta define campeonatos según sus propios interesen o quien le aporte mejor, en este caso ya es el mismo interés de gobierno.

El hoy presidente del TSE, Gustavo Ávila Mercado, no solo fue prorrogado más allá de lo que marca el manual institucional (diciembre de 2025), sino que además fue elevado a la presidencia del órgano que debería garantizar elecciones limpias. Todo muy prolijo… en el papel.

En la práctica, su paso por el TSE está marcado por decisiones que huelen más a cálculo político que a legalidad:
• Inhabilitaciones selectivas
• Partidos que desaparecen por decreto
• Otros que “resucitan” como Lázaro electoral
• Y decisiones exprés que terminan definiendo gobernaciones sin segunda vuelta

¿Neutralidad? Buena pregunta. Que la responda el vicepresidente Edmand Lara, que ya puso el grito en el cielo y nadie dijo nada, no es porque no sea verdad, ya perdió la credibilidad del que alguna vez el pueblo quien creyó que aguantaría todas las metidas de pata, ese es otro tema que luego lo veremos.

Cancillería, BoA… y la silla giratoria del poder
Mientras tanto, su hermano, Fernando Ávila Mercado, no se queda atrás. Cancillería por un lado, directorio de BoA por el otro. Un pie en la diplomacia, otro en la aviación estatal. Multifuncional el muchacho.

¿Experiencia? Puede ser.
¿Coincidencia? Difícil de creer.

Más aún cuando su nombre aparece vinculado al caso “Neurona” y, aun así, sigue orbitando dentro del poder como si nada. En Bolivia, los escándalos no te hunden… te reciclan.

La logia, los amigos… y el país de los contactos.

Pero esto no termina en los hermanos hay otros relacionados. Detrás aparece la famosa “logia tarijeña”, ese club no oficial donde —dicen— se cocinan decisiones lejos de la vista pública donde se orbitan nombres en ese ecosistema; adivinen quienes podrían ser, la relación es simple de quienes vienen y provienen de Tarija y otros del partido de Samuel Doria Medina, ex ministro y del gallo y fiel aliado del entorno político quien maneja Bolivia y su ficha máxima de en la presidencia como Lupo.

Todos conectados por hilos invisibles que terminan en decisiones muy visibles: candidaturas habilitadas, otras eliminadas, y resultados que ya parecen venir con guion.

El discurso de siempre
Desde el entorno de los Ávila Mercado, la respuesta es la clásica:
“Todo es un ataque, todo es desestabilización, todo es por el bien del Estado”.

Claro. Siempre es por el bien del Estado.
El problema es que ese “Estado” cada vez se parece más a un grupo de WhatsApp familiar.

¿Institucionalidad o nepotismo con corbata?
La pregunta de fondo es simple, aunque incómoda:
¿Estamos ante profesionales brillantes que coincidieron en la cima…o ante una estructura donde el poder se hereda, se protege y se reparte?

Porque cuando el órgano electoral pierde credibilidad, ya no estamos hablando de política… estamos hablando de la base misma de la democracia.

Y si el árbitro está en la jugada, entonces el partido ya está arreglado.

Bienvenidos a Bolivia, donde no solo votas… también adivinas quién ya ganó.

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