Hace una semana nomás, en la siempre combativa El Alto, los dirigentes sacaban pecho en cabildo y pedían la cabeza del presidente Rodrigo Paz Pereira. El discurso era duro: crisis de dólares, gasolina de mala calidad —la famosa “gasolina basura”—, el escándalo de la “Serie B” de billetes que supuestamente cayó de un avión y hasta hoy no tiene explicación convincente, y la bronca acumulada por decisiones políticas que muchos consideran impuestas desde arriba para colocar un gobernador a dedo con la complicidad del TSE.
Pero bastó un fin de
semana… y la actitud cambió.
Los mismos dirigentes
que hace días gritaban “¡fuera!” aparecieron sonrientes, abrazando al presidente,
y —para rematar la escena— le pusieron el simbólico poncho rojo en un acto en
el Distrito 8, zona Senkata. Sí, el mismo símbolo de lucha convertido ahora en
accesorio protocolar.
Porque no fue solo
abrazo. Hubo entregas concretas:
- Una camioneta para la Federación de
Juntas Vecinales (Fejuve) de El Alto Sur.
- La movilidad entregada a con llaves a Policarpio
Acarapi, exasambleísta del MAS y ahora dirigente vecinal.
- 62 antenas de Starlink, según el Gobierno, para beneficiar a más
de 45.000 estudiantes del Distrito 8.
- Y el anuncio de proyectos de
infraestructura y una futura sede para la organización.
Todo con discurso
incluido: “educación, salud y empleo primero”, dijo el presidente. Y de paso,
llave en mano mostrando a sus ministros de Gobierno, Educación, Trabajo y no vino
el de Hidrocarburos.
Porque cuando hace una
semana estabas en cabildo pidiendo renuncia y hoy estás en tarima recibiendo
regalos… la gente no es tonta. Empieza a sumar dos más dos.
LA SOSPECHA QUE
NADIE QUIERE DECIR EN VOZ ALTA
Dirigentes de base
aseguran que muchos de estos actos no representan al conjunto de organizaciones
sociales alteñas. Denuncian además mecanismos de presión interna: multas de Bs.
50 a 100 por no asistir a reuniones o proclamaciones, condicionamientos y decisiones
tomadas entre pocos.
Y ahí aparece el viejo
fantasma: la dirigencia prebendal. Esa que negocia en nombre de las
bases, pero termina negociando para sí misma y puestos para sus hijos o
beneficios económicos y materiales.
LAS REACCIONES:
CUANDO HASTA LOS PROPIOS DUDAN
Las críticas no
tardaron, incluso desde espacios políticos:
- La diputada Claudia Rocha deslizó
que “tal vez hubo un error en la forma de entrega”, comparando el acto con
prácticas del pasado.
- El senador Nilton Condori fue más
directo: calificó la entrega del vehículo como un “error político”,
recordando que ese mismo dirigente también pedía beneficios al anterior
gobierno.
- La diputada Julieta Jiménez anunció
fiscalización, señalando que hay prioridades más urgentes en el país.
Cuando hasta los
aliados levantan la ceja… algo no cuadra.
EL FONDO DEL ASUNTO
Aquí no estamos
discutiendo si una federación necesita movilidad o internet. Claro que lo
necesita. El Alto tiene carencias reales, urgentes, históricas.
Porque si cada crisis
se apaga con una camioneta, entonces no hay solución estructural, hay
administración del conflicto.
LAS PREGUNTAS QUE
QUEDAN (Y QUE NADIE RESPONDE)
- ¿Cambio genuino de postura o negociación
bajo la mesa?
- ¿Coincidencia política… o coincidencia
presupuestaria?
- ¿Dirigentes representando a sus bases… o
representándose a sí mismos?
- ¿Gobierno generando desarrollo… o
comprando paz momentánea?
Mientras tanto, la
aceptación del gobierno sigue cayendo, la crisis económica no da tregua y el
ciudadano de a pie —el que no recibe camionetas ni antenas— sigue haciendo fila
por combustible y buscando dólares que no aparecen.
Porque al final, la
pregunta no es si regalaron una camioneta.

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