Hay derrotas que se maquillan con discursos… y hay derrotas que ni con maquillaje estatal pasan de ridículo. Lo de Rodrigo Paz entra en la segunda categoría como peor gestión gubernamental y en corto tiempo, quiso pintar mapa naranja al igual que hicieron los azules muy propio en Bolivia y terminó con apenas 2 de 9 gobernaciones. Y una, la de La Paz, con más sombras que festejo incluso (mano negra en el balotaje).
Sí, dos.
Beni… y La Paz.
Y hasta ahí nomás aguanta el relato y quizá uno se desmarque.
Porque en Beni, con Jesús Egüez, la victoria viene con dudas que nadie termina de despejar. Y en La Paz, lo de Luis Revilla no fue precisamente una fiesta democrática. Un candidato único tras la retirada de Rene Yahuasi como gran posible opositor, proceso cuestionado y como siempre el oportuno silencio del TSE. Ganar así no es ganar… es quedarse con la silla cuando los demás se levantan.
Mientras tanto, el resto del país habló —y habló fuerte.
- En Tarija, su propia casa, le dieron una paliza política elegante pero contundente: María René Soruco arrasó con más del 70%, dejando al candidato de Paz, Adrián Oliva, mirando el marcador como quien revisa una deuda impagable (quizá la del mismo Paz)
- En Santa Cruz y Pando, la alianza Libre se quedó con el control (Tuto lo puede controlar)
- En Cochabamba, Leonardo Loza (Indicios de que vuelve los azules)
- En Potosí, René Joaquino (Con unas ganas de reinventarse para la nacional)
- En Chuquisaca, Luis Ayllón (de amplia experiencia en gestión pública)
- En Oruro, Edgar Sánchez (su trayectoria en los sectores sociales)
Traducción sencilla: Bolivia le dijo “gracias, pero no”.
Y claro, no es casualidad, el desgaste no viene solo, se lo trabaja y los de Paz hacen méritos que suman todos los días.
Ahí están los capítulos que la gente no olvida:
- Las 32 maletas,
- La gasolina basura,
- Los jets privados de ministros,
- La escasez de dólares, y hasta el episodio del avión accidentado en la ciudad de El Alto que dejó más preguntas que respuestas.
Todo eso suma. Todo eso pesa. Todo eso vota.
Paz llegó a esta elección ya golpeado, intentando sostener un proyecto que en el discurso suena nacional, pero en la práctica no logra ni consolidar lo regional. Y cuando el poder empieza a depender más de maniobras que de respaldo real… la factura llega en las urnas.
Lo curioso es el cierre:
El presidente habla del “fin del partido único” y del inicio de “nuevos liderazgos”, y en eso, por una vez, tiene razón.
Solo que esos nuevos liderazgos… no son los suyos.
Porque si algo dejó claro esta elección es que el país ya no se compra el paquete completo.
Ahora el voto viene con lupa, memoria y desconfianza.
Y cuando eso pasa, ya no alcanza con prometer futuro.
Hay que explicar el pasado.
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